🔊 Ouvir · cadastre-se grátis
👆 Toque em qualquer palavra para ver o que significa
Una voz desde la Tierra
En el año 2091, la base Aurora estaba en Marte, al lado de una montaña roja. Allí había doce personas. Una de ellas era Teo Rivas, el técnico de radio.
Su trabajo era hablar con la Tierra dos veces al día y revisar las máquinas. Era un trabajo tranquilo, a veces demasiado tranquilo.
Una noche, a las tres de la mañana, Teo estaba solo en la sala de radio. De repente, escuchó una voz. No era la voz de un adulto. Era la voz de una niña.
—Hola, Marte. Aquí Nina, desde Montevideo, en la Tierra. ¿Hay alguien ahí?
Teo miró la pantalla. El mensaje no venía por el canal oficial, sino por una frecuencia muy vieja. Teo despertó a la jefa de la base, la doctora Lin, y le explicó todo.
La doctora Lin escuchó el mensaje dos veces. Luego miró a Teo con una sonrisa.
—Bueno, alguien tiene que contestar, ¿no?
Teo tomó el micrófono.
—Hola, Nina. Aquí Teo, desde la base Aurora, en Marte. Sí, hay alguien aquí.
Entre Marte y la Tierra hay muchísima distancia, y esa noche los mensajes tardaban once minutos en llegar. Teo esperó veintidós minutos, mirando la radio sin moverse.
Por fin llegó la voz de Nina, muy emocionada. Detrás se escuchaban gritos y aplausos.
—¡Teo! ¡Hola! Estoy en el museo de ciencias con toda mi clase. El museo tiene una antena enorme, y hoy la estamos usando para un proyecto de la escuela. Todos los años, los niños mandan un mensaje a Marte, ¡pero nunca contesta nadie! Tengo diez años, y tengo muchas preguntas. ¿Qué comen? ¿Hace frío? ¿Pueden ver la Tierra desde allí?
Teo contestó todas las preguntas, una por una. Fue una conversación muy lenta, pero muy bonita, y duró varias horas.
Antes de terminar, Nina dijo:
—Teo, yo quiero ser ingeniera. Un día voy a ir a Marte.
—Te espero aquí, Nina —contestó Teo.
Después de esa noche, Teo y Nina hablaron por radio una vez al mes, con permiso de la doctora Lin. Nina le contaba de sus exámenes, sus amigos y sus libros favoritos. Teo le hablaba de las tormentas de polvo y de las puestas de sol azules de Marte.
Pasaron quince años. Un día, una nave llegó a la base Aurora con tres ingenieros nuevos. Teo, que ahora era el jefe de la base, los esperaba en la puerta.
Una mujer joven bajó primero. Tenía una sonrisa muy grande.
—Hola, Teo —dijo—. Aquí Nina, desde Marte.








