🔊 Ouvir · cadastre-se grátis
👆 Toque em qualquer palavra para ver o que significa
Cuarenta kilómetros en bicicleta
Marta tiene dieciséis años y su hermano Leo tiene catorce. Viven en una ciudad pequeña, en el sur de Chile. Los dos tienen bicicleta y salen a pasear todos los domingos.
Hoy es un domingo especial: es el cumpleaños de su abuela Rosa. La abuela vive en un pueblo al lado de un lago, a cuarenta kilómetros de la ciudad. Normalmente, la familia viaja en autobús. Pero este año, Marta y Leo tienen un plan secreto.
—Vamos en bicicleta —dice Marta—. Es una sorpresa para la abuela. —¡Cuarenta kilómetros! —dice Leo—. Es mucho. —Sí, pero tenemos todo el día —responde Marta.
Sus padres dicen que sí, pero con una condición: los chicos llaman por teléfono cada dos horas. Mamá prepara sándwiches, fruta y agua. Papá revisa las bicicletas. A las siete de la mañana, Marta y Leo salen de casa.
El día empieza bien. Hace sol y no hay viento. El camino pasa por campos verdes, con vacas y caballos. Leo canta y Marta mira el mapa en su teléfono.
Después de una hora, llega la primera subida. Es una subida larga y difícil. Leo pedalea despacio y respira fuerte. —Estoy muy cansado —dice. —Arriba hay una vista muy linda —dice Marta—. ¡Vamos!
Arriba, los dos chicos se sientan en el pasto y comen una manzana. Desde allí ven el valle, el río y, muy lejos, unas montañas con nieve. Marta llama a su mamá. —Todo bien, mamá. Ya vamos por el kilómetro diez.
Después bajan muy rápido. Pero, de repente, Leo grita: —¡Mi bicicleta! La rueda de atrás hace un ruido extraño. Los chicos paran al lado del camino. La rueda de Leo no tiene aire.
Marta busca en su mochila, pero no tiene herramientas. —¿Y ahora qué hacemos? —pregunta Leo, triste.
Diez minutos después, llega un tractor viejo. Un hombre con sombrero detiene el tractor al lado de los chicos. —Buenos días. ¿Tienen un problema? —pregunta. —Sí, señor. Mi rueda no tiene aire —dice Leo.
El hombre se llama don Julio. Tiene una granja cerca, y siempre lleva herramientas en el tractor. Con mucha paciencia, arregla la rueda de Leo. —Listo —dice don Julio—. ¿Adónde van, chicos?
—Al pueblo del lago —responde Marta—. Hoy es el cumpleaños de nuestra abuela, Rosa Muñoz. —¿Rosa Muñoz? —pregunta don Julio, y sonríe—. Conozco muy bien a Rosa. Es mi amiga. El camino al lago está a la derecha, después del puente.
Los chicos dan las gracias y siguen. Después del puente, toman el camino de la derecha. Es un camino de tierra, con muchas piedras. Las bicicletas saltan y los chicos van despacio.
De pronto, en una curva, aparecen veinte vacas. Las vacas caminan por el centro del camino, muy tranquilas. —¡Permiso, señoras vacas! —grita Leo. Pero las vacas no escuchan. Una vaca grande mira a Leo y no se mueve.
Marta se ríe mucho. Por fin llega un perro blanco y negro, y las vacas salen del camino, una por una.
A la una, los chicos paran debajo de un árbol y comen los sándwiches de mamá. Marta llama a casa otra vez. —Vamos por el kilómetro veinticinco —dice—. Estamos bien.
Pero el cielo cambia. Llegan unas nubes negras y empieza a hacer frío. Después, empieza a llover muy fuerte, con viento y truenos. —¡Rápido! ¡Allí hay una casa! —dice Marta.
La casa es una pequeña tienda al lado del camino. Los chicos entran mojados y con frío. Una señora mayor está detrás del mostrador. —¡Ay, chicos, están muy mojados! Siéntense aquí, cerca de la estufa —dice.
La señora se llama Elena. Prepara dos tazas de chocolate caliente. Marta y Leo toman el chocolate y se secan la ropa cerca de la estufa.
—¿Adónde van con esta lluvia? —pregunta Elena. —Al pueblo del lago. Hoy es el cumpleaños de nuestra abuela —dice Leo—. Es una sorpresa. Elena mira a los chicos y sonríe, pero no dice nada.
Una hora después, la lluvia para. Sale el sol y aparece un arcoíris sobre los campos. Los chicos dan las gracias a Elena y suben a las bicicletas.
Ahora faltan quince kilómetros. Los dos están muy cansados, pero ninguno quiere parar. Cantan y cuentan los kilómetros que faltan: diez, ocho, cinco, tres…
Por fin, a las seis de la tarde, ven el lago. El agua es azul y tranquila, y el sol baja detrás de las montañas.
La casa de la abuela Rosa está al final de la calle. Los chicos tocan el timbre. La puerta se abre y… ¡sorpresa! Allí están la abuela, mamá, papá, don Julio y Elena. En el jardín hay una mesa grande con comida y un pastel.
—¡Feliz cumpleaños, abuela! —gritan Marta y Leo. —¡Gracias, mis amores! —dice la abuela, y abraza a los chicos—. Pero ustedes no son una sorpresa. —¿No? —pregunta Leo.
—No —dice la abuela, y se ríe—. Julio es mi amigo y Elena es mi prima. ¡Y los dos tienen teléfono! Hoy, todo el pueblo habla de los dos chicos en bicicleta.
Marta y Leo se miran y se ríen también. Están cansados y mojados, pero muy contentos. Esta noche, toda la familia come pastel al lado del lago. Y la abuela tiene una idea: —El año que viene, yo también voy en bicicleta.







